martes, 8 de mayo de 2012

[D&D-A] - Incursión en la Guarida Garra-Parda

En esta entrada se repasan los hechos de nuestra sesión del 2/2/2012. En ella contamos con el primer "dungeon" de la campaña, Valygar y Alexander vuelven a encontrarse tras dos años de separación y se presenta la misteriosa Lumenae (¡en el debut de su jugadora!).





Esta sesión comenzó con Valygar siendo informado, por el Oficial Tanner, del resultado de la batalla anterior y teniendo que tomar una serie de desición sobre el posicionamiento de tropas, transporte de heridos y defensa general del lugar. La tirada promedio de logística que había hecho la sesión pasada, usando nuestras reglas caseras para manejar pequeños ejercitos, le garantizó acceso a unas pocas pociones para curar sus heridas más superficiales. Una vez hubo terminado con los preparativos, tomó consigo un pequeño grupo de soldados y se adentró en la caverna.

El lugar era húmedo y sombrio, con ese habitual hedor a guarida gnoll que Valygar había aprendido (por la fuerza) a reconocer, pero ligeramente iluminado gracias a las irregulares filtraciones del techo y al resplandor danzante de antorchas en la lejania. El pequeño grupo de Valygar fue rápidamente recibido por un pequeño grupo de gnolls, liderado por uno de status claramente superior. Tras despacharlos con facilidad, Valygar eligió adentrarse hacia la derecha en una bifurcación que se abría en la caverna. El estrecho camino lo llevó directo a una trampa, en la que otro pequeño grupo de gnolls tiraron, desde un agujero en lo alto de una de las paredes del tunel, una olla de aceite hirviendo a la pequeña compañia, matando a varios soldados de Valygar y dejandole a este una cicatriz en un brazo. Entre los gritos de agonía de los desafortunados soldados, y el silbido de las flechas de los gnolls (completamente fuera de alcance), Valygar ordenó la retirada a sus tropas y decidió adentrarse por su cuenta en la caverna. Un duo de dire hienas lo asaltaron, sin embargo, antes de poder llegar a la próxima sala (atraidas por los gritos de los soldados y el olor a carne asada), cayendo ante el guerrero tras demostrar ser competentes rivales.

Fue entonces cuando, avazando hacia una gran sala visiblemente iluminada, Valygar pudo ver una figura femenina con armadura completa y planitados cabellos, espiando tras una esquina la gran caverna que yacía delante. Respondiendo a sus instintos, Valygar asaltó al extraño individuo, tirandolo al suelo para preguntarle por su nombre, afiliación y motivo para estar aquí. Tras una breve "conversación", la mujer se presentó como Lumenae e intentó continuar con su espionaje...el cual fue rápidamente arruinado por el absoluto nulo sigilo del guerrero Valygar. En la altamente iluminada caverna, una docena de gnolls y un par de hienas, comandados por un imponente ogro, abandonaron lo que estaban haciendo para abalanzarse sobre la pareja invasora. Pero no solo había enemigos en esta gran caverna. Entre estandartes, esqueletos y basura de todo tipo, un sujeto yacía encerrado en una jaula, sostenida de lo alto del techo por una cadena.
Se trataba de Alexander, quien (al ver la aparición de su  antiguo compañero) sacó su arco del carcaj mágico en el que lo había escondido y procedió a destruir la cadena que sostenía su jaula, consiguiendo su libertad al caer la jaula bruscamente al suelo.

Una gran batalla se dio entonces, en la que los combatientes pudieron hacer uso de sus nuevos equipos y habilidades, y en la que Lumenae demostró sin demasiada cautela su capacidad de lanzar hechizos de curación y bendición sobre sus (momentaneos) aliados.
Cuando todos los enemigos yacían muertos, Valygar y Alexander procedieron a ponerse al día y, en pocas palabras, decirse como habían llegado aquí. Alexander, aparentemente, se había dejado caputrar en un intento fallido por eliminar al lider del clan y acabar, así, con los saqueos sin necesidad de realizar una masacre como la que Valygar había efectuado. Ambos, por otro lado, se mostraron sorprendidos e interesados por las extrañas habilidades demostradas por Lumenae e intentaron preguntarle por su origen y, en el caso de Valygar, permiso para emplear tal tipo de aptitudes. Lumenae, por otro lado, se encontraba ocupada en otros asuntos: la gran caverna poseía, además del tunel por el que había entrado, otras cuatro salidas laterales (dos a cada lado) y una curiosamente ornamentada y bien construida puerta en el extremo opuesto. Tras revisar fervorosamente el cadaver del ogro que lideraba al grupo, Lumenae simplemente procedió a utilizar un juego de ganzúas para abrir el cerrojo de la puerta y ganar acceso a una gran habitación, bien iluminada por antorchas laterales, con murallas perfectamente talladas y suelos embaldosados. Lamentablemente, además de los dos caminos que se abrian a en los laterales de esta sala, también había tres ogros ocupandola.

El grupo tuvo que cortar sus dialogos para enfrentarse a la nueva amenaza. Una vez más Lumenae demostró sus habilidades y procedió a buscar algo en los cuerpos de los Ogros, solo para continuar rápida y frustradamente por uno de los túneles, forzando a los dos viejos amigos a seguirla sin poder terminar de deliberar quien era o quien quería. El túnel, igualmente bien iluminado y construido (claramente obra de una mente inteligente) dio un giro antes de mostrar una puerta en uno de sus lados.
Nuevamente Lumenae tomó su juego de ganzuas para abrir el cerrojo y lo hubiese conseguido si Valygar no hubiese derribado la puerta antes de que ella acabase. Dos ogros se mostraron defendiendo lo que muy evidentemente era un pequeño laboratorio de alquimia. Tras la corta batalla, Lumenae volvió a registrar los cuerpos mientras Alexander se adueñaba de las pociones que pudiesen ser de utilidad.
Valygar finalmente pudo demandarle a Lumenae que le mostrase algún tipo de permiso para utilizar magia, cosa que ella hizo a regañadientes. Una vez vistos los papeles, Valygar se excusó por su rudo comportamiento y los tres continuaron adentrándose en la mazmorra.

Un par de giros (y un  par de trampas) más tarde, el grupo llegó a una nueva habitación donde una docena de gnolls comandados por tres ogros se atrincheraban para intentar impedir el avance de los ya detectados intrusos. Utilizando tácticas de espera y señuelos, el grupo venció con falicidad a sus rivales y descubrió un tunel que (par de trampas mediante) llevaba a una puerta mucho más ornamentada que cualquier otra que hubiesen visto.
Tras ella, una enorme habitación yacía tapisada con monedas de oro, pequeñas obras de arte y equipo de gran calidad. En el centro, un gran trono albergaba la figura de una inocente niña pequeña que fue corriendo a abrazar a Valygar en agradecimiento... este, simplemente, no cayó en la trampa y rapidamente empujo a la criatura.

El dialogo fue corto. La pequeña niña cuestionó la brutalidad del guerrero y resaltó su facilidad para atacar todo lo que no comprendía. Cuando Alexander respondió mencionando la posibilidad de haber evitado la masacre que había tenido lugar afuera, la niña se limitó a resaltar el modo en que él pensaba evitandola: ambos utilizaban sus ideales y fines como excusas para dispensar muerte a su medida y capricho. Pero pronto todo eso cambiaría, dijo la pequeña niña mientras una nube de humo comenzó a rodearla desde sus pies: los días de Arcadia estaban contados y grandes cambios ocurrirían muy pronto. El así llamado "Orden" corría hacia su propia destrucción.

Las últimas palabras ya no fueron de la pequeña, sino del Ogro Mago en el que se había transformado. Un dire lion saltó del humo también, sumando problemas al grupo de aventureros. Pero, en su conjunto, el Ogro y el león demostraron ser poco reto para el grupo de veteranos. En cuanto la bestia felina hubo muerto a las manos de los múltiples ataques de Valygar, Azagoth, el Ogro Mago, lanzó un par de blasfemias e intentó escapar en forma gaseosa por un puerta secreta que daba a la habitación. El grupo, sin embargo, fue veloz y certero y consiguieron destruirlo en el momento justo en el que estaba por atravesar el pasadizo.
Lumenae se apresuró a revisar el cuerpo, transformado nuevamente en Ogro, muy a pesar de las advertencias y cuestionamientos de sus compañeros. Tras demostrar por un segundo una mueca de alivio y satisfacción, miró fugazmente a sus inquisitivos compañeros y se desvaneció en pleno aire.

Estupefactos, Valygar y Alexander tuvieron poco tiempo para contemplar su sorpresa: unos gemidos y gritos de auxilio provenian de otra de las paredes de la habitación. Tras activar lo que obviamente era una segunda puerta secreta, se reveló una pequeña habitación sin luz llena de hobbits totalmente asinados, cada uno parecido al siguiente en estatura, facciones generales y color de cabellos. Juntos corrieron a agradecer a los aventureros y, en especial a Valygar. Uno entre los hobbits se identifico como Edwin Gladstone, posdero en El Distrito y prometió a Valygar recompensarlo adecuadamente si alguna vez pasaba por aquel pueblo.

Pronto, el ruido de pisadas metálicas interrumpió los festejos y el Oficial Daryl irrumpió en la habitación, escoltado por varias decenas de hombres. Asustados por la demora de su capitán y los reportes de los hombres que habían salido apresuradamente de la caverna, los oficiales habían decidido entrar con cuantos hombres pudieran y rescatar a su Capitán. Ahora, tras varios encuentros indeseables, habían conseguido limpiar la caverna y confizcar todos los objetos de la Guarida Garraparda.
Valygar, satisfecho, felicitó un trabajo bien hecho y procedió a retirarse junto a Alexander de la mazmorra, dialogando sobre el tiempo separados y sobre la misteriosa aventurera que acababan de conocer.

Notas para recordar:
  • Primer aparición del personaje Lumenae
  • Valygar obtuvo una cicatriz por quemadura en uno de sus brazos
  • Edwin Gladstone, uno de los hobbits rescatados, dijo ser posadero en el pueblo llamado "El Distrito" y prometió recomenzar a los aventureros si alguna vez lo buscaban allí.