miércoles, 25 de julio de 2012

[D&D-A] - Partida de Argos

Breve recapitulación de nuestra corta sesión del 25/02/2012. Un desayuno en la casa de Valygar, cortas charlas filosóficas, la partida de Argos y la infaltable aparición de un monstruo gigante en el camino.



La sesión comenzó al alba. Recapitulando un poco los eventos de la sesión anterior, recordaremos que la noche previa Valygar, Alexander y Lumenae habían tenido un desafortunado encuentro con un individuo muy atletico y que combatía sin utilizar armas. A pesar de ser tres contra uno, los aventureros no contaban con su equipo tradicional y habrían sido brutalmente derrotados de no haber sido por la oportuna aparición de Nemfre y de una docena de guerreros del Magisterio. Pero, tras observar de primera mano una serie de elementos sospechosos en el grupo (sacos con componentes de hechizos, manchas de sangre sin heridas visibles, etc), Nemfre intimó al grupo para que se entrevistara con ella durante la tarde siguiente.
Ahora, tras pasar la noche en la casa de Valygar, en el distrito alto de Argos, el grupo pretendía eludir dicho compromiso saliendo de la ciudad lo antes posible.

La casa de Valygar era un sitio simple, pero muy cómodo y agradable. La puerta de entrada a la casa de dos plantas daba a una sala de estar con una chimenea, dos ventanas, algunos sillones muy cómodos y una mesa ratona. En la pared opuesta a la puerta de entrada se encontrba una gran escalera central que conectaba con la segunda planta, y dos puertas (una a cada lado) que llevaban a la cocina y al comedor, áreas delimitadas por el uso y el amueblado pero que compartian un único ambiente. La segunda planta estaba destinada a las habitaciones y constaba con tres habitaciones (una de las cuales, la de Valygar, era la principal y poseía aquel balcón por el que Alexander había intentado entrar la noche anterior) y un baño. Si bien la casa no tenía un decorado que evidenciara una gran opulencia, si tenía muebles agradables y resistentes, así como cálidos tapetes en los suelos y algún que otro recuerdo (de las recientes aventuras militares de Valygar o de sus previos viajes con Alexander) como decoración en diferentes lugares.

Lo primero que los aventureros notaron fue que Lumenae había escapado, una vez más. Sin embargo, esto no generó demasiada preocupación ellos: comenzaban a comrpender que ese era, probablemente, el modus operandi necesario para alguien cuyas aptitudes la ponian constantemente en un potencial peligro (el hecho de que, además, Valygar le debiese su vida a dichas "aptitudes" también ayudaba a no juzgarla). En vez de intentar encontrarla o algo por el estilo, los viejos compañeros decidieron comenzar su día con un buen desayuno y una tranquila charla sobre el pasado, el presente...y el futuro.
Casa de Valygar

Alexander había estado esperando una oportunidad para explicarle a Valygar la razón que lo traía de un modo tan inesperado a Argos, tras dos años de distancia. Y dicha razón había sido, nuevamente, un sueño. Durante su entrenamiento con Rhadika en los bosques, Alexander había soñado con un sonido atronador que desgarraba tierra, cielos y montañas y que era seguido por una implacable lluvia de fuego y ceniza. Pero eso no era todo: ríos y bolas de fuego caían a vendabales sobre la población aterrada de una ciudad, y un gigantesco "demonio" rojo se erguía triunfal sobre enormes murallas, frente al cuerpo inmovil, aparentemente sin vida, de un soldado. Dicha ciudad, ahora estaba seguro Alexander, era Argos. Y dicho soldado, y esto lo había sabido desde un principio, era Valygar.

En sus viajes y aventuras pasadas, Alexander había aprendido de primera mano a prestar atención al potencial profetico de sus sueños. Hasta ahora, siempre había algo cierto, algo que aprender, en las imagenes que veía. Pero Valygar no compartía esa confianza. Incluso tomando en cuenta su intenso trabajo militar, Valygar había vivido estos dos años con relativa calma y contención, y no podía imaginarse fundamento alguno para las alocadas sospechas de Alexander. Pero éste decidió presionar aún más, y le comentó a Valygar el modo en que solemos quedarnos con lo que tenemos frente a los ojos, como solemos darlo por sentado y considerarlo natural, eterno, e inmuntable. Pero que el cambio es una alternativa siempre posible. Tanto en la pacífica situación que parecía atravezar la Bahía Dentada como, en lineas generales, con el Orden y con los Jueces. Alexander aprovechó para recordarle a Valygar sobre el modo en que los Jueces tendían a abusar de su casi ilimitado poder, o a no utulizarlo en lo absoluto y enviar a soldados comunes a morir en tareas que ellos podrían hacer sin problemas, tal como Ventisca había enviado a cientos a una muerte segura. Valygar, insista Alexander, debía pensar detenidamente los fundamentos de su lealtad hacia ellos.
Naturalmente, Valygar, el Capitán de la guardia de Argos, no escucho con mucho agrado estas palabras. Su mera enunciación rozaba con la sedición y Valygar no pudo evitar decirle a Alexander que solamente un lunático se dejaría guiar por sus sueños. Los Jueces, como él lo entendía, eran un bien y el Orden brindaba una seguridad necesaria a este mundo. Si bien lo dicho sobre Ventisca era una verdad indudable, también era la excepción a la regla: que el Orden era benevolo y necesario. Y esa regla era, a los ojos de Valygar, tan indudable como la traición de Ventisca.

General Grognard
Las cosas podrían haberse acalorado mucho más, si durante esa conversación el general Grognard no hubiese tocado amigablemente en el marco de la puerta de entrada (recordemos que la puerta había sida rota por Alexander la noche anterior). Vestido en su uniforme habitual y completamente lúcido y pulcro, el general aceptó una taza de té mientras le explicaba a Valygar que había asumido que, tras los incidentes de la noche anterior, intentaría irse durante la mañana. Venía a visitarlo estas horas con el único proposito de comentarle que, por una parte, había enviado un mensaje al Capitán que se encontraba apostado en Rhendial para que hiciese averiguaciones en la zona y, por otra parte, para decirle que ya había reservado los servicios del Capitán Madwick, un comerciante poseedor de un barco mercante, para que llevara a Valygar desde Portuaria hasta Fondaria en exactamente diez días. En privado, Grognard le había explicado previamente a Valyghar que Madwick había sido quien había traído a Denkel a la Bahía Dentada y que, probablemente, supiese más sobre sus objetivos. Aclarado esto y tras alguna que otra introducción y charla casual con Alexander, Grognard terminó su té y se retiró, no sin antes desearles buen viaje a los dos aventureros. Y es que, durante la conversación, tanto Grognard como Valygar habían evitado hacer cualquier mención del hobbit Denkel. Valygar había invitado a Alexander a acompañarlo en unas vacaciones recorriendo la Bahía Dentada y éste, preocupado por su seguridad (pero sin saber nada sobre Denkel), había decidido acompañarlo.

Terminado el desayuno y atendidas las visitas, los aventureros se ocuparon de los preparativos especificos para el viaje. Siendo ya entrada la mañana, algunas tiendas ya se encontraban abiertas para brindarles suministros. Sumando a eso lo que Valygar pudo requisistar, tanto de su propio hogar como del Fortín de Prefectura situado en la puerta de Argos, pronto los dos aventureros salían a caballo de Argos, cargados de todo tipo de provisiones.

El comienzo del viaje fue tranquilo y agradable. Una briza fría del invierno que se retiraba acompañaba los pequeños parches de nieve que aún se veían sobre el terreno, interrumpidos por crecientes superficies de pastizales que buscaban ganar terreno. Los aventureros dirigieron sus caballos por el descampado, a cierta distancia del camino principal (para evitar cualquier potencial encuentro con las tropas de Nemfre). No fue hasta pasada la mitad del día, cuando los caballos comenzaban a demandar algo de descanzo, qué ocurrió algo que les llamara la atención: a la distancia, un ave gigantesca descendía en el camino sobre una caravana y parecía combatir con sus guardias.

Los aventureros se apresuraron a alcanzar al animal, pero este también se acercó a ellos, entablando batalla con ellos antes de que llegaran a la caravana. Las fuerzas del colosal ave eran impresionantes y sus enormes garras y pico hacían muy dificil el acercarsele. Para cuando las primeras heridas habían sido causadas, el ave tomó a Alexander como presa en una de sus patas y, elevandose fuera del alcanze de Valygar, lo arrojó con brutal violencia contra el suelo, marcando un rastro de tierra, barro y nieve por donde pasara a toda velocidad el cuerpo del arquero.
Pero en cuanto Valygar se acercó a atender a su amigo, el ave tornó la cabeza en dirección a un fuerte chiflido proveniente de la caravana y se apresuró a recoger lo que parecían ser cuatro figuras humanoides, y a escapar a toda altura y velocidad.

Una vez atendidas sus propias heridas, los aventureros se acercaron a la caravana para encontrar una desastroza escena. Varios caballos y guardias se encontraban muertos entre carros volcados y saqueados. Otros tantos guardias, inmovilizados por el terror, mostraban tan solo heridas leves que Alexander procuró atender. Pero un llanto muy particular provenía del carruaje que lideraba la expedición. En su interior, Valygar encontró a un hombre petiso, regordete y con algo de calvicie. Se encontraba empapando sus caras vestimentas con un llanto desconsolado. Se identifico como Fargas, comerciante en viaje de negocios hacia Argos. Aparentemente, un grupo de malvivientes acaba a de secuestrar a su hija Lida, de cabellos castaños y edad joven. Aterrorizado ante la idea de lo que los forajidos pretendían hacer con ella, no podía evitar culparse por toda el acontecimiento: su hija, aparentemente, había insistido bastante en acelerar el viaje y él lo había, por un motivo u otro, ido alargando. Sin embargo, pronto encontró otra persona en la cual depositar su culpa, mientras le gritaba a Valygar "¡¿Dónde están los Jueces?!, ¡¿Dónde está el ejercito?!".

Todo esto impacto de sobremanera a los aventureros, que prometieron encontrar a la hija del comerciante y emprendieron rumbo al sur, hacia dónde el gran ave se había escapado: rumbo al Eterno Vigilante.

Notas para recordar:

  • Descripción de la casa de Valygar Dubrik, en el barrio alto de Argos. Hay un plano en la "libreta del master".
  • Alexander cuenta su sueño profetico a Valygar. Las visiones político-filosóficas de ambos se explicitan.
  • El General Grognard ha ordenado al Capitán asentado en Rhendial que haga averiguaciones respecto a Edmund Denkel.
  • Madwick, un capitán de un barco mercante, espera al grupo en Portuaria dentro de exactamente diez días. 
  • Lida, hija del comerciante Fargas, ha sido abducida por un grupo de forajidos que utilizan un Roc como medio de transporte.
  • El grupo lleva viajando: 1 día.

Update 26/12/12: Se agregaron importantes datos sobre Madwick que se me habían olvidado al momento de hacer el recuento. Las fechas y distancias se mantuvieron como estaban originalmente (antes del "retcon" del 4/11/12)