lunes, 30 de septiembre de 2013

[D&D-A] - Tragedia maritima

En esta entrada recapitulo los eventos de la sesión del 02/04/2013, en la cual Valyghar y Alexander finalmente zarpan en el barco del Capitán Madwick hacia Fondaria. Oportunidades inesperadas, desarrollos políticos, tragedias en altamar y la sombra de un nuevo y misterioso enemigo.




La sesión comenzó durante la tarde del quinto día de viaje, con Alexander y Valyghar descendiendo de la barco de Madwick ("La Ballena Blanca") y dirigiéndose al mercado. Alexander se mantenía pensativo, analizando el relato de Madwick y no pudo evitarse preguntarle a Valyghar que opinaba sobre todo ello. El Capitán de Argos respondió rápido y sin dubitación que el Juez Montag no habría mentido porque si; lo que sea que halla hecho, deb ía hacerlo para mantener el orden. Tras un breve silencio, Alexander cambió de tema y le preguntó a Valyghar si había pensado sobre su petición de entrenarlo en el uso de la espada. Pero el guerrero respondió en forma disuasiva, que no había tiempo, que no era un buen momento (si bien en su respuesta también se reflejaba cierto aire de incomodidad y desconfianza frente a su amigo, aire que, con matices, flotaba en el aire desde que Alexander se revelara como usuario de magia).

Atardece en la no-tan-limpia ciudad de Portuaria

Con el atardecer comenzando, los aventureros visitaron el abundante mercado de Portuaria, un lugar atestado de carpas, tiendas y mercaderes ofreciendo todo tipo de bienes. Si bien la mayoría de los objetos en oferta no estaban apuntados a la vida aventurera (y eran, en cambio, bienes de consumo general a ser distribuidos desde Portuaria), los aventureros consiguieron encontrar la tienda de una herrera donde reemplazar la armadura que Valyghar había perdido durante el ataque de las arañas. La herrera no pareció prestarles demasiado atención en un principio, terminando de hacer un pedido de materiales a otro comerciante que estaba con ella. Tampoco ayudó demasiado que se presentaran formalmente: en su actual estado, Valyghar distaba mucho de verse como el héroe de guerra que los rumores y relatos apodaban como el León de Argos. Burlonamente, la mujer respondió ser Tom Ramgast y procedió a atenderlos, ofreciéndoles las múltiples armaduras que tenía a su disposición. Alexander se opuso a la idea de llevar una nueva armadura de placas en un barco, visto y considerando que parecían estar siendo asechados por sus enemigos. Pero la herrera se apresuró a ofrecerles una armadura especial, fabricada con una aleación nueva de su invención, que conservaba la resistencia del acero normal y reducía en gran medida su peso. Una verdadera obra maestra. Estaban terminando la transacción cuando Chartier (aquel hobbit de la Coalición Mercante que visitase a Valyghar en Argos) se cruzó con ellos y los saludó vivamente, hundiendo en una suma vergüenza a la herrera. Valyghar aprovechó para vengarse inocuamente, comentandolé a Chartier con cierta gracia que el mismísimo Tom Ramgast estaba vendiéndoles una armadura (la calidad de la cual Alexander no tardó en criticar). Tras un par de risotadas y miradas de escarmiento, el hobbit les ofreció a los aventureros cenar en su mansión pero, tras aclararle que debían zarpar esa misma noche, terminaron arreglando para juntarse a tomar algo en breves. Arreglado eso, Chartier se retiró para preparar su hogar y los aventureros pasearon un poco más por el mercado antes de ir hacia la mansión del hobbit.

Alexander no terminaba de entender esta triviaidad social y sostenía enfáticamente que no tenía ningún interés en conversar con el hobbit y que tal cosa no tenía nada que ver con lo que estaban haciendo. Pero,
Chartier, de la Coalición Mercante

en la medida en que no deseaba dejar solo a su compañero y que había aprendido los peligros de andar solo, optó por acompañar a Valyghar y esperarlo fuera de la mansión. Valyghar, por su parte, llamó a la puerta y fue prontamente conducido por una mucama a través de grandes salones decorados con excelente (y extremadamente caro) gusto, hasta una enorme biblioteca donde Chartier parecía estar leyendo algo en un cómodo sillón en las cercanías de una chimenea cuya cálida contrastaba placenteramente con el anocher que comenzaba afuera. Un segundo sillón se encontraba disponible para Valyghar y, tras decidir que tomarían (té para el hobbit, cerveza para el guerrero), huésped y anfitrión comenzaron a dialogar sobre banalidades...puntualmente, sobre Alexander. Al hobbit le había llamado la atención el acompañante de Valyghar y éste aprovechó la ocasión para tildarlo de inmaduro (pero bien-intencionado) y a protegerlo rebajando su perfil: "me sigue porque le salvé la vida una vez" dijo y rápidamente cambió de tema. Obviamente, el nuevo tópico fue el conflicto económico entre la Coalición Mercante de Portuaria y el Trono de Comercio de Darheim. Chartier expuso su caso en forma directa: él deseaba encontrar una salida política al asunto. Lo que había comenzado como una guerra de precios había desencadenado más de un acto de bandalismo por ambas partes del conflicto. Si bien Chartier obviamente favorecía la causa de su bando (y apoyaba dicho favoritismo en la extensa historia de Coalición, los servicios prestados durante generaciones y, por sobre todo, su naturaleza intrínsecamente horizontal y democrática), él entendía que no había forma de volver la historia atrás: el Trono de Comercio había llegado para quedarse. La única salida que veía era nivelar artificialmente el campo de juego...con un impuesto al trasporte aéreo de mercancías. Y una carta de apoyo firmada por el León de Argos ciertamente podría incentivar la iniciativa. 
Valyghar, sin embargo, optó por responder a la honestidad de Chartier con más honestidad:. si bien consideraba que la guerra de comerciantes era de gran importancia y que debía hacerse, no sería responsable de su parte apoyar un bando sin hablar primero con ambas partes del conflicto. Y, hasta el momento, no había podido dialogar con ningún miembro del Trono de Comercio.

Mansión de Chartier
Chartier, lejos de estar disgustado con la respuesta, se mostraba visiblemente satisfecho. La honestidad de Valyghar y su compromiso con las problemáticas del hombre común realmente impresionaban al hobbit. Chartier no tardó en preguntarle a Valyghar si nunca había pensado en adentrarse en el mundo de la política: con su fama y prestigiosa posición militar, exitoso padre y sensibilidad con el hombre común, Valyghar podría escalar posiciones de influencias en el reducido ámbito político de Arcadia. Aún más, el hobbit se ofreció a (en nombre de la Coalición Mercante) subvencionar tal campaña política. Valyghar quedó dubitativo, visiblemente interesado en la propuesta. Respondió que debía pensarlo por algún tiempo, cosa que Chartier naturalmente comprendió. Ya retirándose, Valyghar recibió un regalo de su anfitrión como muestra de buena voluntad y agradecimiento por su tiempo: una bag of holding con el emblema de la Coalición grabado en ella.

Mientras todo esto ocurría en el interior de la mansión, Alexander aguardaba pacientemente apoyado contra las rejas, a un costado de la puerta, vigilante. Fue en algún momento cuando el atardecer comenzaba a ceder lugar a la noche, que Sindel pasó caminando con total naturalidad por la calle que Alexander vigilaba. Con su impeturbable tono, mitad jovial, mitad burlesco, saludó diciendo -"Esta es una cara que no me esperaba encontrar". Su indescifrable carácter no parecía denunciar ningún tipo de agresión o ánimo verdaderamente confrontativo. Seguía actitud continuaba siendo, en todo caso, un perturbante enigma.
Sindel
-"El asesino casi me mata..."- se limitó a responder Alexander rudamente, con aire recriminatorio, pero tan solo consiguió que Sindel se levantara de hombros y excusase diciendo "Te dije que era peligroso". Alexander mantuvo su compostura (y su guardia) y le preguntó a la duelista por el monje que ya había conseguido, en dos situaciones diferentes, generarle tantos problemas a los aventureros. Sindel respondió con gran soltura, como si lo que dijese careciese de importancia: explicó que el monje era un individuo extremadamente silencioso, pero que se hacía entender cuando era necesario. Que era tozudamente fiel y, por sobre todo, letalmente feroz. Pero antes de que Alexander pudiese sacarle más información, Sindel llevó el hilo de la convesación hacia donde ella quiso y comenzó a contarle a Alexander novedades de Arcadia más allá de la bahía dentada.
Al parecer extraños sucesos estaban, si bien en forma esporádica y aparentemente, teniendo lugar largo y ancho del reino: extraños y caóticos climas nunca antes padecidos, puertas planares que se abrían repentinamente y Jueces que aparecían muertos sin ninguna explicación posible. Más llamativo aún: un movimiento de revuelta había surgido hacia el sur, y había comenzando una rebelión directa contra el Orden. Y quien lideraba dicho movimiento no era nada más, ni nada menos, que Ander, un valiente guerrero con poderes curativos que hubiese luchado codo a codo con nuestros aventureros en campañas pasadas. Todas estas noticias perturbaron profundamente a Alexander, cuyas apocalípticas visiones eran suficientes de por si para preocuparlo sobre el estado y futuro de Arcadia. Pero para cuando Alexander pudo salir de su perturbación para demandar más detalles, Sindel ya se retiraba, y se despedía con otra enigmática advertencia: "Tengan mucho cuidado. Muchos ojos los están mirando...y con malas intenciones la mayoría de ellos".

Alexander le comunicó todo esto a Valyghar cuando finalmente salió de residencia de Chartier, pero el tiempo apremiaba y simplemente no hubo demasiado tiempo para hacer mayores consideraciones. La noche ya había caído por completo, y los aventureros debían retornar a la Ballena Blanca antes de que zarpase. Finalmente llegaron al barco y consiguieron, durante la noche del quinto día de viaje, zarpar en las calmadas aguas de la Bahía, en una noche despejada y bajo el brillo de las dos lunas. Madwick fue tan buen anfitrión como su humilde barco lo permitía, y hospedó a los aventureros en el mejor camarote de pasajeros del que pudo disponer (incluso si dicho camarote era, como el resto del barco, un tanto austero, pequeño y añejo). Mientras los viajeros se acomodaban en sus aposentos, Valyghar descubrió a Alexander mirando absortamente por el ojo-de-buey en la pared. Sin dejar de mirar las aguas danzar en la obscuridad, Alexander explicó que zarpar le traía recuerdos de cuando se fue de su casa, ubicada en las islas del sur, en la bodega del barco de James, un conocido. Valyghar le preguntó al arquero si no extrañaba a su familia por momentos, y este respondió que si bien los extrañaba por momentos, el sabía cuando partió que no los volvería a ver. Valyghar aprovechó la ocasión para preguntarle a Alexander por su familia, tópico del cual nunca habían hablado. Alexander comentó ser el menor de cuatro hermanos. Al preguntar Valyghar si todos tenían sueños como los suyos, Alexander respondió "Todos tenemos sueños como yo, pero los de ellos estaban allá, o en la ciudad.". Valyghar rápidamente se cansó del enigmático tono de su compañero y no tardó en decirle en una forma un tanto ruda que estaba muy lejos de su hogar, y que (en su opinión) se estaba equivocando profundamente. Pero Alexander respondió con una sonrisa que eso ocurrió cuando se juntó con él, que era mejor así, que el pasado debe quedar atrás. Cuando Valyghar lo acusó de estar eludiendo su pasado, Alexander dió otra respuesta enigmática: "Ellos viven en mi recuerdo". "¿Están muertos?" respondió sorprendido Valyghar, pero Alexander tan solo respondió, en voz baja y aganchando la cabeza, "...no lo sé".

 En aquel momento un marinero tocó a la puerta para informarles que habían sido invitados a compartir la mesa del Capitán. Ésta tenía una sencilla, pero abundante, cena ya servida y preparada para tres comensales. Comenzaron a charlar sobre como se ganaban la vida, detalle que hasta el momento no había llamado la atención de Alexander: había conocido a Valyghar al poco tiempo de escapar de su hogar y había pasado el primer tiempo viviendo de sus viajes y la hospitalidad de aquellos sujetos que, como Tom Ramgast o el Juez Niño, lo acogiesen. Incluso en estos últimos tiempos había estado viviendo exclusivamente gracias a la amabilidad de su maestra Rhadika en los bosques. Valyghar, por otro lado, había tenido una historia bastante más regular, trabajando como un vigilante local en el pueblo de xxxx. Luego había cruzado caminos con Alexander y tenidos sus primeras aventuras, pero ellas habian rendido frutos en forma de fama y ascensos militares para su carrera. Actualmente trabajaba tanto como Capitán de Argos que practicamente no gastaba lo que ganaba. Pero prefirió ahorrarle a su amigo las explicaciones (y continuar cubriendolo), y se limito a decir que Alexander había sido su guardaspaldas durante todo el trayecto.
Luego la charla viró hacia la propuesta de Chartier. Alexander recomendó encarecidamente a Valyghar (que comenzaba a considerar la propuesta con agrado) no involucrarse en esos asuntos, pero Valyghar (aguantandose los deseos de decirle que hiciese lo mismo) le respondió que era una excelente oportunidad para hacer frente a la injusticia y combatir la corrupción desde la política en vez de desde la guerra. Esto distaba de convencer a Alexander, sin embargo, y antes de sumirse en un profundo silencio tan solo respondió que "la política poco tiene que ver con la autoridad de los Jueces".

Terminada la cena, ambos fueron a dormir a su camarote. Incluso con el movimiento del barco y las ligeras
incomodidades, el cansancio acumulado hizo que reconciliar el sueño fuera en extremo sencillo. Valyghar, que claramente había estado muy interesado en la propuesta de Chartier, se soñó en un cómo despacho, lejos de las responsabilidades militares pero tomando importantes decisiones en la arena política. Alexander, por otro lado, no tuvo un sueño tan placentero. Soñó con un noche estrellada, que rapidamente era engullida por tormentosas nubes negras y, entre ellas, un individuo flotaba detenido en el cielo entre los trueno. Vestido con un uniforme similar a los de los Jueces, pero de color integramente negro y con una capucha que bloqueaba por completo su rostro, el hombre miraba hacia abajo, hacia un lejano punto en un mar que se agitaba cada vez más. Un punto que se movia, que se mantenía a flote en la marea. Un barco, un pequeño barco, exactamente igual a la Ballena Blanca. Un relámpago iluminó la sádica mueca del Juez Negro, quien inmediatamente levantó su brazo y....

¡Un fuerte golpe sacudió por completo al barco, despertando a los durmientes aventureros! Alexander despierta escandalizado, instando a un Valyghar soñoliento a que tienen que abandonar el barco, cuanto antes sea posible. Mientras Alexander comienza a tomar frenéticamente las pertenencias de los aventureros y guardarlas en su mochila, un marinero toca a la puerta e informa a los viajeros que están teniendo complicaciones. Valyghar termina de despertarse y, vestido unicamente con sus pantalones de dormir, toma el cinturon que tiene enfudadas sus espadas y corre hacia la cubierta.
La sudestada es tenebrosamente impresionante. Truenos incandescentes iluminan esporadicamente el cielo, ocupado por una densa lluvia que empapa inmediatamente a Valyghar y deja todo resbaladizo para sus pies descalzos, y vientos huracanados que embolsan la vela y amenazan con derribar el mastil. Madwick, fuertemente aferrado al timón, le urge a Valyghar que ayude a los marineros a sostener la vela tirando de la soga que la sostiene y le explica que el clima no estaba así hacía apenas una hora. Valyghar no pierde el tiempo y ayuda a los marineros con su prodigiosa fuerza, manteniendo la vela en su lugar durante unos momentos más.
Otro golpe sacude con fueza a la Ballena Blanca. Alexander, saliendo del camarote abarrotado con las pertenencias de ambos, escucha como unas cajas caen en un pasillo, seguidas por el grito de un marinero atascado. Alexander corre a ayudar al marinero, pero las cajas que traban sus piernas son simplemente demasiado pesadas para él. En la cubierta, la situación no es mejor: el golpe ha derribado a un marinero, y el suelo resbaloso y la inclinación del barco lo han enviado directamente al agua. Sin su ayuda (y la de los hombres que se apresuran a rescatarlo), la soga se resbala de las manos de los marineros y comienza a dar furiosos latigazos animada por el viento. Valyghar, reaccionando nuevamente con gran velocidad, se apresura a trepar al mastil y tomar la soga, controlandola. Mientras tanto, Alexander buscaba entre los cosas que obstruían al marinero algo con lo cual poder hacer palanca para levantar las cajas que lo aprisionaban y, tras enocntrar unas varas metálicas ¡consigue liberarlo!. Temiendo por su amigo y sin poder gastar más tiempo en el marinero, Alexander le da una poción para curar su rodilla lastimada y corre a encontrarse con Valyghar en la cubierta. El viento, arremolinado, giraba en furiosos círculos alrededor del barco. Entonces, un ruido, similar al de un trueno, resuena en los oídos de Valyghar. Lo recuerda, lo ha oído antes, durante otra tormenta: ¡un árbol que se quiebra! Inmediatamente, Valyghar se desliza por la soga y se aleja del débil mástil.
-"¡Vayan a los barcos salvavidas! ¡El barco no va a aguantar!"- gritó Madwick, fuerte y claro entre las descargas de los relámpagos. Pero a Valyghar no le gustaba como sonaba eso, y le respondió con igual fuerz que no él no iba a abandonar el barco. Madwick respondió: -"¡No tienen oportunidad! ¡Sálvensé!"-.
-"¡No te dejaremos!"- respondió Alexander, empapado por la tormenta. Madwick, sonriente y orgulloso simplemente giró su timón y gritó: -"¡Un capitán se hunde con su barco!"-
Alexander estaba conmovido. Entendía la decisión del Capitán y tan solo respondió: "...honraremos tu memoria". Pero Valyghar lo interrumpió inmediatamente al grito de -"¡Yo no honraré nada, ni recordaré nada! ¡Te veremos después!"-
Otro relámpago. Otro golpe, Otro fuerte sacudón del barco. En el medio de la más fuerte tormenta que jamás hubiese presenciado, el Capitán Madwick gritaba sus últimas palabras: -"¡Marineros! ¡Fue un honor navegar con ustedes! ¡Abandonen sus pertenencias y corran a los botes! ¡Es una orden!"-

Valyghar y Alexander corrieron desesperadamente a dónde estaban los barcos salvavidas, pero enontraron que él que habían ido a buscar ya había zarpado. Se apresuran al próximo y están prontos a subir, cuando un rayo lo impacta de lleno, mandando a volar cientos de esquuirlas de madera por los vientos huracanados. Tras recuperarse de la cercanía del impacto, ambos giran la cabeza hacia el próximo bote solo para ver otro rayo impactarle de lleno. En ese momento, el mástil finalmente cede y se quiebra, cayendo directamente hacia donde ellos se enuentran, pero una rápida maniobra les permite esquivarlos tomando refugio en una pequeña escalera que lleva hacia el interior del barco (debajo de la cubierta).
Apenas unos momentos tras caer rodando por la escalera mojada otro fuerte golpe azota al barco y la sacudida es más brutal que nunca, y los aventureros se descubren mareandosé y golpeandse fuertemente contra el techo del pasillo mientras la Ballena Blanca se invierte completamente.
Si la situación era complicada, ahora se torna desesperante, con el barco completamente invertido y el agua ingresando por el mismo agujero que los aventureros utilizasen para esquivar el mástil. Conscientes de que cada segundo es vital, Valyghar y Alexander se lanzan al mar a través del agujero para intentar alejarse del barco antes de que esté demasiado profundo. Valyghar, vestido unicamente con palantones y sus espadas en el cinturón, consigue llegar a la superficie con facilidad y consigue ver con horror el casco del barco flotando sobre el agua. Pero Alexander, que debería seguirlo, nunca asoma la cabeza. Entorpesido por el peso acumulado de su armadura y el equipo combinado de ambos aventureros puesto en su mochila, el arquero encuentra posible nadar hacia la superficie y se encuentra, en cambio, hundiéndose en forma inevitable. Por esfuerzo o por susto, Alexander pierde el aire y una bocanada de agua ingresa en sus pulmones, dejándolo rápidamente inconsciente.
En ese entonces Valyghar, que había vuelto a sumergirse para buscar a su amigo, desenfunda su espada solar (más maniobrable que una espada normal) y consigue liberar a su amigo de su pesada mochila, cortando las tiras que la sostienen. La mayoría de sus riquezas, tesoros y equipo descienden lentamente hacia las insondeables profundidades. Pero no todo está perdido: Valyghar consigue llevar a Alexander a la superficie y apoyarlo sobre el, ya casi hunido, casco del barco. Activando la vara inamovible de uno de los sacos que Alexander aún tiene sostenido, Valyghar consigue crear un lugar fijo del cual sostenerse una vez que el casco del barco termina de hundirse y, con gran esfuerzo, aguantar hasta que la tormenta amaine (evento que acontece con sorprendente velocidad).

Un bote salvavidas, posiblemente el primero que fuesen a buscar, los detecta entonces en forma casi inmediata y avanza a su rescate. Allí, marineros agotados y deprimidos practican los primeros auxilios en Alexander y consiguen reanimarlo. Aún débil, éste se apresura a decir todo lo que ha visto: un Juez Negro, flotando en el medio de la tormenta, un Juez Negro ha intentando asesinarlos y ha hundido el barco para hacerlo. Otro marinero dice haber visto una sombra entre las nubes, pero es rápidamente ridiculizado por sus compañeros, que poco quieren escuchar sobre conspiraciones en un momento tan angustioso como este. Luego, Alexander vuelve a perder el conocimiento y, en silencio y total obscuridad, el bote naufraga en la noche.



Notas para Recordar:

  • Valyghar ha recibido una propuesta de financiamento para una carrera política por parte de Chartier, un miembro de la Coalición Mercante.
  • Sindel le ha advertido a Alexander que el Fenix Negro no es el único que los está siguiendo. 
  • La Ballena Blanca, el barco de Madwick, se ha hundido durante una feroz tormenta. No hay rastros de su Capitán....
  • A travez de sus visiones, Alexander ha divisado una enigmática figura: un Juez Negro, volando en el ojo de la inoportuna tormenta. 
  • Una gran cantidad de equipo y bienes de los aventureros se han ido al fondo del óceano.
  • Valyghar evitó que Alexander se ahogase junto a dichos objetos. 
  • Al momento de ser rescatados, los aventureros se encontraban en las primeras horas de su sexto día de viaje.