lunes, 30 de diciembre de 2013

[D&D] - De bestias y lagartos

Extensa recapitulación de una sesión de D&D 3.0 (jugada el 22/11/13) que sirvió como introducción al juego para cuatro nuevos jugadores. La sesión tuvo lugar en un setting "neutral" siendo desarrollado (el ducado de Bolstag) e intentó representar los elementos más clásicos de una partida de D&D...aunque tuvo que terminarse prematuramente.



La sesión comenzó en una anónima taberna, en la ciudad capital del ducado de Bolstag, ubicado en lo que alguna vez había sido el reino de Heraldria. Tras haber pasado algunas semanas sin conseguir ingresos ni patrocinadores, un grupo de cuatro aventureros-mercenarios mataba el hastío matutino bebiendo unas cervezas. El grupo lo conformaban Frono, un mago semi-elfo magnánimo pero sensato, que había abandonado sus cómodos estudios para ayudar aventureros; Keliath, un feroz guerrero semi-orco que había desertado de los ejércitos de orcos salvajes en búsqueda de la fama y fortuna necesaria para subyugarlos, Bicholk un elfo explorador y Scalipto, un pertubante clérigo irracionalmente insensato, que huía o buscaba vengaza (nunca quedó del todo claro) de un cierto problema de faldas...

La calma matutina de la ciudad se vió irrumpida por correteos y gritos desesperados. "¡La bestia atacó denuevo!, ¡la bestia atacó denuevo!" gritó un magullado campesino mientras avanzaba a todo galope por las calles, permitiendole a un interesado Frono divisarlo desde la ventana de la taberna. Si bien Keliath no tenía, en un comienzo, el menor interés en saber de qué se trataba, sus conocimientos locales de que Bolstag había quedado muy debilitada en tropas tras una guerra con los habitantes del bosque limítrofe le permitía intuir que esta oportunidad era idónea para un grupo de aventureros como ellos. 
Al salir a la calle (tras que Keliath intimidara al tabernero para no pagarle), el grupo de aventureros se encontró con el magullado campesino rogándole asistencia a tres figuras en armadura, rodeados a su vez por una masa de pueblerinos curiosos. 

Los conocimientos acerca de la nobleza de Frono le permitieron identificar en seguida  las tres figuras: se trataba de Abendis, un portentoso caballero de rulados cabellos negros que defendía los intereses del duque con la vana esperanza de ganar la mano de su hija en matrimonia; Miralda, una caballera cuyos familiares habían muerto traicionados durante la guerra; y Ivandhale, un joven caballero de raices humildes y con un gran interés por el bienestar de los campesinos. Entre los tres oían atentamente los sollozos del magullado campesino: una bestia alada había salido del bosque y atacado, por tercera vez en el mes, al pueblo campesino de Cruz de Roble. Varias casas habían sido devastadas y muchos campesinos muertos. Desesperado, el campesino imploraba a los caballeros que hiciesen algo al respecto. Scalipto, por su parte, había interrumpido en forma insinuante la atención de Miralda en un par de ocasiones...pero esta no había tardado en recordarle cortantemente que le convenía dirigirse de una forma más adecuada a su clase. 

Miralda
La multitud cuchieaba espectante. Los caballeros debatían secretamente, pero Bicholk pudo hacer uso de suescuchar lo que estos hablaban: Ivandhale estaba convencido de que había que brindar cualquier ayuda que fuera posible a los campesinos, especialmente en vista de los rumores de que algunos campesinos comenzaban a considerar rebelarse para reclamar mayor seguridad. Abendis, por su parte, le recordaba al joven caballero que no tenían las tropas necesarias para cazar una bestia como esa y defender, al mismo tiempo, a Cruz de Roble. Por otro lado, la guerra contra los habitantes del bosque había terminado con la obligada firma de un pacto que impedía a los habitantes de Bolstag entrar el bosque. Si la bestia se había retirado a su guarida, cazarla podía generar un conflicto bélico a gran escala. Pero todo esto no hacía más que alimentar las sospechas de Miralda de que todo esto había sido orquestado por los enemigos de Bolstag y, en partícular, los habitantes del bosque.
agudo oído para

Frono aprovechó la información que Bicholk le compartió para acercase a los caballeros y ofrecer los servicios de su compañia. Muy a pesar de los constantes esfuerzos de Keliath por intimidar e imponerse sobre el inamovible Abendis, y a pesar de las sospechas que las razas de los aventureros (mayoritariamente élficos) presentaban, Frono consiguió explicar que su compañía estaba lista y dispuesta para enfrentar eficientemente a cualquier enemigo que amenazase al ducado de Bolstag....por el precio adecuado, claro está. Un nuevo exabrupto de Keliath fue todo lo que faltó para que Abendis se hartase y tomase la palabra de Frono, prometiendole en viva voz a la gente que el grupo de aventureros escoltaría una caravana de bienes y se aseguraría de que los habitantes de Cruz de Roble recibiesen la ayuda que necesitaban, mientras las tropas del ducado cazaban a la bestia. Más aún, afirmó Abendis sin escatimar una maléfica sonrisa: caía enteramente sobre ellos la responsabilidad de cualquier mal que afectase al pueblo desde este momento. La recompensa prometida a los aventureros: cien piezas de oro para cada uno.  
Los pueblerinos comenzaron a ovacionar a los oportunos aventureros y Frono no desaprovechó la oportunidad para que cualquier espectador que tuviese un amigo, familiar o ser querido en Cruz de Roble que necesitase ser ubicado, o que solicitase cualquier otro tipo de servicio, podía contar con esta compañía de aventureros.....por un módico precio, claro. Esta última parte modificó radicalmente la actitud de los pueblerinos frente a los (ahora considerados) avaros y codiciosos mercenarios. El que Keliath intentase dispersar a la gente intimidandola no hizo más que empeorar la situación, obligando a los aventureros a retirarse entre abucheos y legumbres. 



Tras esperar en las murallas de la ciudad durante algunas horas, Miralda salió a encontrarlos junto con una única carreta (no ya la caravana que Abendis había prometido) manejada por un plebeyo y cargada de alimentos, mantas, materiales y otros bienes mundanos de utilidad. Tras desestimar otro perturbante intento de seducción por parte de Scalipto, Miralda explicó la verdadera misión del grupo: cada vez que la bestia atacaba, un grupo cercano de hombres-lagarto aprovechaba la ocasión para saquear pueblos y caminos. Este grado de organización y ocurrencia era demasiado preciso para estas criaturas, y se había repetido demasiadas veces para ser coincidencia. Miralda estaba convencida de que había alguien más manejando la situación. Asimismo, estaba convencida de que esta carreta sería atacada. Los aventureros deberían repeler el predecible ataque lagarto, rastrear las criaturas hasta su guarida para eliminarlas y recobrar cualquier tipo de evidencia que pudiese haber de quien estuviese ayudándolas.
Tras que Miralda repartiese algunas pociones curativas y otros objetos de utilidad como antorchas y sogas, la carreta comenzó su viaje hacia Cruz de Roble. Keliath interrogó al conductor de la carreta, con la esperanza de encontrar un potencial mercenario dispuesto a cooperar con ellos, pero tan solo halló un muy asustado plebeyo de Abendis que nunca había participado de ningún combate. Scalipto, por su parte, aprovechó la ocasión para continuar acosando a Miralda, con escasos resultados.

No pasó demasiado tiempo antes de que el tranquilo silencio de la tarde veraniega fuera interrumpido por el sonido de un distante cuerno. Desde el escarpado terreno que rodeaba al camino, media docena de pequeñas sombras se avecinaban sobre al carreta. Una escaramuza tuvo lugar, en la cual los patéticos Kobolds demostraron no ser desafío alguno para los aventureros. Bicholk aprovechó la distancia para derribar a uno con su arco, mientras que Keliath consiguió desmoralizar y destripar a varios de los que llegaban. Scalipto osciló entre golpes certeros y pifias ridiculos, aunque no escatimó en dedicar cada nuevo ataque a la caballera (incluso cuando la llamaba, repetida, con nombres incorrectos). Frono, por su parte, optó por refugiarse cerca de la carreta y utilizó su hechizo de dormir para acelerar aún más la pelea. Más importante aún: Bicholk consiguió usar la cuerda que Miralda les había dado para atar a uno de los Kobolds durmientes.
Fue mientras comenzaba a arrastrarlo hacia la carreta que la segunda ola de enemigos, que incluía ahora a un par de fornidos hombres-lagarto, cayó sobre el grupo. El combate, si bien más largo y dificultoso que el primero, terminó con la derrota de los monstruos. Scalipto utilizó sus poderes mágicos para invocar un aberrante ave de inframundo que ayudó a estorbar y dañar a los hombres lagarto que Keliath encaraba frontalmente. Frono y Bicholk recurrieron a sus armas de largo alcance (honda y arco, respectivamente), y el segundo consiguió arrancar la cabeza de un kobold con un disparo criticamente potente, desmoralizando con ello a los demás monstruos.

Terminado el combate, Keliath procedió a intentar interrogar a los dos kobolds que aún permanecían bajo el efecto del hechizo de Frono. Tras despertar bruscamente al primero, Keliath intentó sacarle algunas palabras...pero la condenada criatura simplemente no hablaba ningún idioma conocido. El guerrero semi-orco lo atravezó con su espada, tomándolo del cuello, y procedió con el siguiente. Antes de despertar al kobold que tenían atado, los demás miembros del grupo pensaron que, en caso de que no hablase, podría ser una buena idea soltarlo de sus cuerdas y dejarlo escapar para así seguirlo hacia su guarida. Tras confirmar que este kobold tampoco hablaba orco, elfico, ni común, el grupo procedió a desatarlo...y el kobold a huir despavoridamente.

Dejando la carreta bajo el cuidado de Miralda, el grupo de aventureros siguió de cerca al asustado kobold. La criatura pronto se alejó del camino principal y comenzó a seguir el borde de un río cercano que caía en una ligera quebrada del terreno, para luego seguir su curso. Llegada a esta pequeña cascada, el rastro del kobold desaparecía por completo, pero el grupo pudo avistar que había una grieta a un costado de la cascada. Un túnel oscuro que, sin duda, llevaría a la guarida de las criaturas.
El atardecer ocupaba el horizonte y tanto Scalipto como Frono habían gastado sus mejores hechizos, por lo que el grupo decidió acampar a un costado de la caída para recuperar fuerzas. Tras descender a la base de la cascada haciendo uso de la soga de Bicholk, el grupo organizó turnos de guardia y rápidamente establecieron un campamento para pasar lo que sería una tranquila e ininterrumpida noche.

A la mañana siguiente, mientras Keliath, Frono y Scalipto disfrutaban del desayuno, Bicholk fue enviado a
explorar sigilosamente el túnel por el que creían que había escapado el Kobold. Tras avanzar cuidadosamente por el cavernoso pasaje, el explorador elfo llegó a un especie de caverna gigantesca atravezada por un profundo abismo. Un puente de roca trabajada cruzaba el abismo, permitiendo el acceso a lo que parecía la entrada de un antiguo templo élfico, con gigantescas estatuas y una pesada puerta de varios metros de altura. Un grupo de kobolds "estaban de guardia" (en una forma bastante ineficiente) en el puente y puerta, con un enorme cuerno sostenido por un trípode de madera como instrumento para dar la alarma. Bicholk volvió con sus compañeros y, tras comentarles lo observado, todos estuvieron de acuerdo en que lo mejor sería intentar destruir el cuerno antes de enfrentar al resto de los enemigos.

El grupo se desplazó hacía las cercanias del puente y Bicholk hizo su mejor intento por quebrar el cuerno con una flecha desde lejos, pero el proyectil se desvió e impacto cerca de un guardia que se apresuró a sonar la alarma. Un nuevo combate ocurrió sobre el puente y los kobolds volvieron a mostrarse insuficientes para el grupo. Frono volvió a diezmar sus números con su hechizo de dormir, mientras que Scalipto convocó dos criaturas del averno más de cara a lo que la alarma podría atraer que a las dificultades que los guardias les presentaban. Keliath consiguió derribar a varios enemigos y lanzarlos a las profunidades del abismo, mientras que Bicholk quebró el hilo de su arco al tensarlo lo cual lo obligó a desenfundar sus dos espadas cortas.

Un sonido de pisotones, tambores y estruendos vino desde la profundidad del templo, y una vez que los aventureros hubieran acabado con sus débiles enemigos las pesadas puertas del templo se abrieron de par en par frente a la carga de innumerables criaturas. Decenas de hombres-lagarto y kobolds salieron al encuentro de los aventureros y formaron un semi circulo tras el puente de piedra, en el suelo cavernoso sobre el que se levantaba el templo. Tras ellos, y entre sus cánticos y coreos, una enorme criatura de piel escamosa, cabeza de cocodrilo y escamas duras como piedras caminaba pesada y ostentosamente. Duplicaba en altura al más alto de los aventureros y portaba una maza gigantesca, de evidente procedencia humana. No era dificil intuir que se trataba del lider de la tribu, y que pretendía afianzar su liderazgo haciendo una demostración de fuerza con los desafortunados aventureros.

El combate se inicio a los pies del puente, del lado que daba al templo. Keliath, Bicholk y las criaturas de Scalipto cargaron sin ningún efecto contra el monstruo. Los proyectiles mágicos de Frono consiguieron herirlo, pero solo minimamente. Luego, fueron los aventureros los que debieron retroceder frente a los poderosos ataques de la bestia, esquivándolos como les fuera posible.
El combate se prolongo por algunos instantes, y los débiles ataques del grupo comenzaron a perforar las duras escamas del enemigo, pero no antes de que la criatura consiguiera dar un mortifero impacto de su maza al guerrero semi-orco que, inconsciente por el daño, salió volando a varios pies de distancia. Mientras Bicholk danzaba alrededor de la criatura, dandole los golpes de gracia con sus dos espadas, Frono imploró a Scalipto que utilizase sus poderes mágicos para curar al moribundo guerrero...pero el irracional y caprichoso clérigo, impresionado por las hazañas que Frono hubiese hecho durante la batalla anterior, le demandó que le entregase su honda si quería que curase al semi-orco.

Frono no podía creer el egoísmo de su compañero. Pero no hubo demasiado tiempo para debatir: cuando el gigantesco lagarto finalmente cayó ante los ataques de Bicholk, lo hizo dando golpes con su maza por los aires. Uno de estos golpes impactó en un punto crítico del puente y, ayudado por el peso del monstruo, comenzó una reacción en cadena que claramente terminaría por derribar el piso sobre el que los aventureros se paraban...sino la totalidad de la caverna. Bicholk corrió desparovido a suelo más seguro en cuanto notó la inestabilidady los temblores. Scalipto, por otro lado, se paró al lado moribundo guerrero y repitió sus demandas. Frono (que de por si se encontraba una distancia segura) aceptó sin dudarlo y le arrojó su honda al caótico clérigo, que procedió a cumplir con su palabra.
Sin embargo, Keliath abrió los ojos para encontrarse con una extraña y desesperada situación: el mismisimo puente sobre el que estaban parados se quebraba bajo sus pies. El guerrero semi-orco, todavía atontado por sus heridas, intentó salir del puente a tiempo....pero sin éxito. Similar suerte corrió Scalipto, que se había gastado tiempo excesivo en recuperar "su" honda.

Viendo a los dos aventureros caer hacia el vacío, Bicholk se apresuró a arrojarles una soga de la que pudieran colgarse. Keliath intentó agarrarla en plena caída, pero nuevamente se mostró demasiado lento como para conseguirlo. Scalipto, por otra parte, sí consiguió tomar la cuerda a tiempo y se sostuvo fuertemente a ella mientras su compañero guerrero caía inevitablemente hacia el vacío.
Pero su éxito duró poco: Frono, indignado con la actitud del clérigo y considerándolo un peligro para el resto del grupo, optó por utilizar su hechizo de prestidigitación para afectar la integridad de la soga y tornarla más resbaladiza...al menos lo suficiente como para que Scalipto perdiese su agarre y acompañase a Keliath en su mortal destino.
Tras ver a sus compañeros caer hacia la muerte, Bicholk y Frono pudieron apreciar que la integridad de toda la caverna había sido comprometida, que el suelo se sacudía y los techos agrietaban, y que los monstruos corrían despavoridos hacia el interior del templo. Los dos aventureros también se apresuraron a escapar por donde habían venido, mientras el cavernoso túnel colapsaba tras sus pasos.

Con la tribu de lagartos apresada bajo tierra y su líder derrotado, tan solo restaba a los miembros sobrevivientes del grupo contactarse con Miralda en Cruz de Roble para informarle de lo visto (la maza fabricada a medida indicaba la participación de agentes humanos en todo esto) y recoger sus recompensas. El camino hacia el pueblo campesino sería lo suficientemente largo para que Frono explicase a Bicholk sus razones para matar a Scalipto, y para que el explorador elfo decidiese entre aceptarlas... o no.